Este es un post invitado de María Hormigo. Resa Carlos V – Granada


“Me gusta vivir en Resa”, eso fue lo primero que leí en un folleto cuando llegué a la residencia. Cada residente que veía pasar iba con una sonrisa y yo, inocente, no entendía nada.

El primer día de nuestra llegada  a la residencia nos ayudaron  a instalarnos y algo que me impactó bastante es que había carteles en las paredes de las zonas comunes y los pasillos que ponían “prohibido no sonreír”, “obligatorio saludar a todo el mundo”… Todo el mundo saludaba, todo el mundo estaba sonriendo sin conocernos de nada, y eso fue algo increíble, que gente que no conoces de nada te demuestre simpatía y encima te ayuden a cargar cargar kilos y kilos de cosas que no eran pocas…

La primera semana que llegamos nos acompañaron a conocer Granada de la forma más divertida, unidos a otro residente que no conocías absolutamente de nada y haciéndonos preguntas para conocernos. Hicieron barbacoas, juegos para presentarnos y muchas actividades más durante esa semana de integración. Y sinceramente, consiguieron su propósito, todos los nuevos residentes nos sentimos como en casa.

Es cierto que las primeras semanas son las más duras, no estás en tu zona de confort habitual pero también hay que decir que los residentes lo hacen más ameno, siempre están pendientes de que te enteres de las actividades, viajes y fiestas que se organizan.

Vivir en una residencia es como tener una segunda familia, donde hay residentes que son como tus hermanos mayores y otros que parecen los hermanos pequeños ;-).

Y no solo ellos, el personal de la residencia nos ayuda en cosas tan básicas como el funcionamiento de una lavadora y secadora, nos atienden cuando no encontramos las llaves por muy tarde que sea o nos llaman la atención para que no hagamos ruido, o el personal de mantenimiento que siempre está atento si hay alguna incidencia.

No sé en otras residencias como será pero, en Emperador Carlos V hay personas de todas partes del mundo y eso nos permite conocer culturas y saber más sobre otros lugares, te permite ampliar tu conocimiento sobre el mundo y lo mejor es que acabas haciendo amistades increíbles.

Así que ahora que llevo viviendo más de medio año en esta residencia, puedo decir que entiendo y comparto la frase: “Me gusta vivir en Resa”.